Abuelita Maca

folding-chair-2875551_960_720La abuelita Maca adora dos cosas: cocinar y las visitas. Visitas como la del nuevo joven despistado que se acerca a su casa en medio del campo…

 Sobre todo le gustan los turistas extraviados, le encanta cuando ellos confían en una anciana como ella, disfruta escuchando cómo se desviven por hacerse entender y le hace gracia verlos sufrir cuando descubren que están perdidos.

Esos pobres chicos la rejuvenecen y le hacen recordar tiempos mejores, cuando sólo se la conocía como Maca. Pero ya hace mucho que los niños del pueblo la llaman abuelita, aunque nunca tuvo nietos. De todos modos ya nunca la visitan.

Por eso le gusta sentarse en su silla de tijera junto a la puerta y esperar el paso de domingueros despistados. Ella sonríe, los saluda, les ofrece su ayuda y les invita a casa. Justo igual que ayer mismo.

Esos momentos le recuerdan su juventud, a todos aquellos guapos viajeros que se cruzaron con ella cuando su cara todavía no tenía arrugas y su cuerpo era apetitoso.

Todavía sigue intentando hacerles lo mismo que entonces, aunque muchas veces casi no tiene fuerzas…

La abuelita Maca sonríe y saluda con la mano al guapo y perdido joven que se acerca por el camino, igual que todos los demás. Todavía está lejos, así que antes de recibirle entra a casa, guarda la silla, coge el cuchillo y arrastra hasta la despensa el cadáver de ayer.

La abuelita Maca adora dos cosas: cocinar y las visitas…

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